viernes, 13 de abril de 2018

INCONVENIENTES DE LAS NARRATIVAS CIS QUE DAN SIGNIFICADO A LAS VIDAS TRANS

No hay nada que me produzca más rechazo que "narrativas cis"* para argumentar y dar sentido a las vidas trans. Discursos que hablan de que las personas trans no somos mujeres u hombres trans (los no binarismos ya ni se contemplan), sino que tras hacer una transición (que según estos personajes es lo que significa Trans), somos hombres y mujeres "diferentes/diversxs" pero ya no trans. Es de esos discursos cis (adoptados o no por personas trans) que funcionan perfectamente si no te alejas demasiado de casa...

Ese enfoque discursivo tiene varios inconvenientes desde mi punto de vista:

1-Ser hombre y ser mujer significa muchas cosas y todas tienen que ver con lo cis así que, o le colocas la palabra trans detrás y lo empoderas desde ahí dándole un nuevo sentido o los niveles de exigencia que se les impone a las personas trans con tal sugerencia son tan extremos que resultan frustrantes y a largo plazo letales por insostenibles. Este discurso de mujeres y hombres sin la característica trans genera expectativas inalcanzables y poco empoderamiento en una diversidad REAL lo que desemboca finalmente en un coste muy alto en cuanto a sufrimiento tanto corporal - quirúrgico y dosis extremas de hormonas- como psicológico. Además me parece contradictorio intentar abrazar la diversidad desde la "normalización" del género y lo que es peor, me parece sospechosamente fóbico negar la palabra trans. Bueno, no es sopechoso, es un hecho, es transfóbico.

2-no es una narrativa trans, es un argumento cis para tratar de asimilar lo trans e incluirlo en sus propias estructuras y es así simplemente porque para lo cis es mucho más fácil poder entenderlo desde ahí y mucho más complicado generar nuevas maneras y formas que podrían desestabilizar el sistema sexo/género que tanto facilita las cosas. el problema es que lo trans se ahoga en esas estructuras si no pasa por una normativización corporal y psicológica desde el binarismo tradicional, con todo lo que eso conlleva. 

3-Que no es coherente defender la desgenitalización del género en pro de lo trans haciendo un cartel que pone el foco de atención en los genitales de lxs niñxs, sean trans o cis.

Lo trans no significa "transitar y nada más" como dicen algunxs "profesionales" por ahí, lo trans no es un simple espacio temporal, lo trans es mucho más grande que eso. Lo trans es REVOLUCIÓN. Ponerlo todo patas arriba y crear nuevas formas de interpretarnos para poder crear un mundo habitable en el que las personas con cuerpos y géneros diversos y no binarios no tengan que sobrevivir.

Lo trans no consiste en reinventar nada cis o resignificarlo, consiste en crear algo nuevo que nunca existió. Ese es el reto, pienso yo.

*"Cis" lo utilizo aquí no en tanto a persona cis sino como la característica principal de un tipo de narrativa concreta de carácter hegemónico, normalizador-normativizador y binario. Pueden haber personas cis con narrativas de carácter trans y personas trans con narrativas especialmente cis.

De la Wiki: Cisgénero (abreviado cis- o ci-, para simplificar) es un neologismo y tecnicismo de origen alemán propio del campo interdisciplinario de los estudios de género, término que es utilizado para hacer referencia a aquellos individuos cuya identidad de género coincide con el sexo que les fue asignado al nacer, lo cual es aplicable a la mayoría de las personas.​ Lo opuesto a cisgénero es denomidado transgénero.

martes, 13 de marzo de 2018

INTERVENCIÓN 10' CURSO CIRUGÍA PROTÉSICA - BLOQUE FALOPLASTIAS


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V CURSO DE CIRUGÍA PROTÉSICA PARA LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL
Y RECONSTRUCTIVA GENITAL
Barcelona, 12 - 13 de marzo de 2018 - Hospital Universitari de Bellvitge

Bloque 4. IDENTIDAD DE GÉNERO Y REASIGNACIÓN GENITAL QUIRÚRGICA
Moderadores: Dr. Antonio Becerra Fernández / Dr. Eduard Ruiz Castañé / Dra. Anna López Ojeda. Ponentes: Dra. Rosa Almirall Oliver, Dr. Vicent Casoli y Dr. Jean - Etienne Terrier

Intervención de 10’ de Nac Bremón

Los 30 primeros segundos voy a dedicarlos a agradecer a Rosa Almirall del servei  Trànsit, el haber cedido una parte de su tiempo en este espacio, a una voz trans. Agradecerle también que este gesto me ahorra invertir parte de este reducido tiempo en aclarar un concepto tan importante para el colectivo trans y al mismo tiempo tan confuso para muchos profesionales relacionados con esta cuestión, como es el término transpositivo. Este gesto es, básicamente, el de un profesional transpositivo.

En los siguientes minutos voy a hablar como miembro activo de Trans*forma la salut, plataforma que aglutina más de 12 asociaciones trans o transinclusivas de Cataluña, trabajando por un cambio de paradigma en la atención sanitaria para personas trans, a través de un nuevo modelo de salud con práctica y carácter despatologizador, que demanda un cambio profundo, necesario, real y apremiante. Pero esta vez, teniendo en cuenta las diferentes experiencias vitales y la diversidad de identidades trans binarias y no binarias, que nunca estuvieron presentes en el debate para la creación de los estándares médicos en cuanto a transexualidad.

Desde este lugar, quiero cuestionar las políticas administrativas e institucionales que complican enormemente las vidas de las personas trans y hacen que estas vidas sean precarias e inhabitables sino se adecúan social, física y psicológicamente, a las exigencias homogeneizadoras del discurso sobre transexualidad dominado por la medicina.

Y desde este lugar también, como miembro de una plataforma que aglutina una gran diversidad de voces, vivencias, pensamientos, necesidades y perspectivas trans diferentes dentro del propio colectivo, reconocer que existe una necesidad palpable en cuanto a la modificación quirúrgica de esos cuerpos. Si bien, creo necesario contextualizar y problematizar esa demanda, especialmente en cuanto a generaciones futuras.

Ahora, como persona trans y desde un punto de vista mucho más crítico quiero plantear una serie de cuestiones que me parecen imprescindibles en un contexto como este. 

El discurso médico de finales del XIX, fijó las bases en la manera de entender la transexualidad mostrándola al mundo como una categoría clínica o una enfermedad que podía ser corregida y debía ser curada, a través de una adecuación psicológica y diferentes modificaciones corporales. De este modo, lo que en realidad era una diversidad social en cuanto a una manera subjetiva de percibir y reproducir el género, se convirtió en una patología definida y controlada plenamente por el estamento médico, a través del cual podía ser resuelta.

El tratamiento de la cuestión trans como algo congénito y patológico situado dentro de un paradigma biomédico, permitió en aquellos años y de una manera conveniente, por un lado, reformular la legislación que condenaba y perseguía la expresión transgénero en nombre de un orden social binario, bajo la lógica razonable de que lo que es innato no puede ser perseguido ni castigado; y por otro lado y teniendo en cuenta que la enfermedad es la legitimación de la intervención médica, permitió el acceso a unos tratamientos médicos como único medio para lograr la integración de estas personas cuya invisibilización les concedería el derecho a participar plenamente en la vida social.

Todo este discurso se asienta sobre unos estudios clínicos poco representativos y caducos, lo que ha sido reconocido por el propio estamento médico, pero no ha ocurrido lo mismo con las prácticas médicas que han sido consecuencia directa de esta manera de entender la cuestión trans y continúan siendo válidas a día de hoy. Por poner un ejemplo, las narrativas de personas transgénero que hablan de experimentar placer sexual a través de sus cuerpos sin modificar, dificultan las expectativas médicas de diagnosticar disforia de género y en consecuencia, el acceso a los recursos sanitarios en su condición trans, siendo este uno de los principales motivos por los que algunas personas trans niegan sentir placer sexual o directamente inhiben su sexualidad.

Este discurso sentó las bases de la percepción social de las personas trans respecto a sí mismas a la hora de interpretar su situación de diversidad centrándose en el concepto destructivo del “cuerpo equivocado”. Expresiones tales como “nacer en el cuerpo equivocado”, “sentirte en un cuerpo extraño”, “estar encerrado en un cuerpo que no te identifica”, etc -en definitiva, mil maneras de enseñarte a odiar y despreciar tu cuerpo- conforman la realidad trans en la que construímos nuestras identidades diversas intentando adecuar nuestros cuerpos a las tendencias homogeneizadoras de un sistema hegemónico binarista, en el que no cabe la diversidad sino como “anomalía corregible”. Como hasta hace muy poco en la práctica intersex, los cuerpos que no tenían las medidas anatómicas formales se cortaban, literalmente, para que encajaran en estos estándares.

En definitiva, todos cuerpos heréticos que deben ser corregidos y transformados al no responder a los parámetros válidos de un sistema sexo/género binario que atiende exclusivamente a los cuerpos normativos y a las experiencias centradas en las personas que no son trans.

En este punto quiero hacer un pequeño paréntesis para reproducir una pregunta que plantea Sandy Stone en su “Manifiesto Post Transexual” de 1991: “¿Quién está narrando la historia de quién y cómo pueden los narradores diferenciar entre la historia que narran y la historia de la que son testigos?”

Este escenario da lugar a la demanda de intervenciones extremadamente complejas como pueden ser las intervenciones de modificación genital que se autoperciben y se muestran como solución a las vidas invivibles de algunas personas trans. Los mensajes recibidos en torno al cuerpo “equivocado”, junto al miedo al rechazo social y familiar, el miedo a la soledad, a experiencias sexuales en condiciones de diversidad, a quedarse fuera, a no encajar, a no encontrar pareja, trabajo,… en definitiva, el miedo a no poder construir una vida habitable, o simplemente y como dice Butler, a tener una vida antes de la muerte, lleva a cierto número de personas a buscar soluciones drásticas y a pagar el más alto precio.

Por otro lado, me parece necesario interferir en los protocolos médicos que administran los cuerpos trans, poniendo sobre la mesa el desplazamiento que hacen los profesionales con la sexualidad transgénero. Quiero recordar que las personas trans tienen un cuerpo sexuado y una vida sexual que en base a la autoaceptación de su propio cuerpo, perfectamente válido y funcional, puede llegar a ser plenamente satisfactoria. Existen múltiples testimoniales de hombres trans que hablan de su experiencia a la hora de comprender y aceptar sus cuerpos, y de la agencia para construir y disfrutar de su sexualidad a través de la resignificación erótica de sus partes, creando nuevas narrativas que responden a experiencias placenteras transgénero que además dan un nuevo sentido a las masculinidades trans y cis. Reproduzco la narrativa de un hombre trans extraída de la investigación del Dr. J.R. Latham que es, además, una persona trans masculina:

Cuando le digo a la gente que realmente disfruto físicamente de la penetración, se asustan. Yo soy muy masculino después de todo. Aún así, la diosa me bendijo con tener un orificio extra que se siente bien cuando se penetra correctamente. Sin embargo, no tengo ninguna asociación de género con esta parte de mi cuerpo. En realidad, a menudo lo masculinizo llamándolo mi “manpussy” o “boycunt” y así sucesivamente. Así que para mí, significa muy poco ser penetrado, excepto que a menudo es bastante placentero. Lo cambiaría por un pene cualquier día, pero es lo que tengo y elijo no odiarlo. Después de todo, es parte de la experiencia transmasculina en mi mente” (Nutini, 2008: 172)

Es pues apremiante romper con la errónea creencia de que la experiencia sexual no forma parte de las vidas trans, y recordar que el género y la práctica sexual pueden ser múltiples y diversas.

Para finalizar quiero resumir brevemente 4 objetivos:

1- Que la intención directa de todo esto es dar a conocer en este contexto clínico una serie de cuestiones que atraviesan profundamente a las personas trans, y si bien el objetivo no es extraer ningún tipo de conclusiones o buscar soluciones en torno a ello porque ni es el momento ni es el lugar, sí lo es lograr en la medida que sea un cuestionamiento de los profesionales en cuanto a sus discursos sobre el hecho trans. Romper estigmas y prejuicios y favorecer el entendimiento de que la solución pasa por educar a la sociedad en la diversidad, informar a los profesionales de la realidad trans en primera persona, cuestionar los antiguos discursos médicos que patologizan los cuerpos y las identidades trans para poder generar otros nuevos entre todos que NO lleven a futuras generaciones de personas trans a aborrecer sus cuerpos, sino a aceptarlos favoreciendo experiencias trans que puedan, además, enriquecer al resto de la sociedad.

2- Que la intención no es negar la necesidad de demanda de faloplastias por parte de la comunidad trans. Que esa demanda existe y como tal, partiendo del principio básico de autodeterminación y autonomía en las decisiones de las personas trans, debe ser respondida con todas las garantías.

3- Plantear cuál es el concepto que lxs profesionales de la cirugía tienen sobre las personas trans y cómo esa visión puede incidir negativa o positivamente en sus intervenciones a estas personas.

4-Que la faloplastia no debe plantearse como solución a los diferentes problemas de posicionamiento social y autoestima en cuanto a transexualidad sino como un recurso de alto riesgo que debe contemplarse como tal. Y que se hace condición indispensable facilitar información honesta, real y veraz sobre sus diferentes consecuencias en cuanto a funcionalidad, sensibilidad, calidad de vida posterior y posibles complicaciones. Y que todo esto debe realizarse con los estándares más exigentes en cuanto a calidad, seguridad y resultados anteponiendo la máxima de “Primum non nocere”.


En este congreso se presentarán los nuevos avances en faloplastia como un gran éxito para la ciencia médica, pero paradójicamente y desde un punto de vista crítico, representará un gran fracaso social en cuanto a la diversidad de los cuerpos y la supervivencia de las múltiples identidades transgénero no binarias. En definitiva, representa un golpe a la visibilidad de la diversidad humana en su potencial más amplio y creativo.







lunes, 26 de febrero de 2018

DES-PA-TO-LO-GI-ZA-CIÓN TRANS Y AFASIA INSTITUCIONAL

Artículo para la Directa en castellano.


Des-pa-to-lo-gi-za-ción trans* y afasia institucional:
cuando conoces la palabra pero no consigues pronunciarla.
Artículo para la Directa, 13.02.2018 - Nac Bremón.

Mientras se mantenga la cuestión trans sujeta a una categoría clínica, es decir, como una enfermedad o anomalía que debe ser curada o corregida a través de la modificación de los cuerpos y la normativización de las mentes, las identidades trans seguirán siendo una cuestión médica y no lo que son: una diversidad social. Por tanto, para dar un final al artículo de opinión sobre actualidad trans que prácticamente no he comenzado diré que la despatologización es, a día de hoy, una palabra difícil de pronunciar y no un hecho que celebrar.

La dificultad de la pronunciación no reside solo en la propia palabra, sino en introducir en la misma frase “despatologización” y “transexualidad”. Esto no ocurre solo en las sociedades científicas, también crea especial dificultad en departamentos educativos, legislativos, laborales y sociales que son incapaces de pronunciar correctamente este concepto pese a intentarlo una y otra vez. Es como esa palabra que está a punto de salir pero se queda atrapada contra la voluntad en algún lugar entre la mente y la punta de la lengua, enganchada en los prejuicios y el estigma gravados durante más de 150 años en el adn de una sociedad, y especialmente, de un colectivo que ha pagado el más alto precio por hacer de sus vidas espacios habitables más allá de la pura supervivencia: patologización y precariedad.

En los últimos años, diversos frentes del colectivo trans y asociaciones LGBT con políticas transversales, se han unido para ayudar a las instituciones en la pronunciación del concepto de la despatologización trans, mostrándoles recursos especialmente poderosos, entre los más destacados: derechos humanos, antiguas y nuevas leyes que protegen estos derechos, programas educativos que integran la diversidad, publicaciones que proponen marcos de referencia social y un modelo de atención a la salud para personas trans basado en la autodeterminación y la autonomía como pilares sólidos en la construcción natural identitaria de cualquier persona. En el proceso de implementación de este nuevo modelo de salud está siendo especialmente complicado convertir las buenas palabras en hechos coherentes con la esencia social que se pretende.

Se hace evidente pues, que la despatologización trans debe trabajarse desde un paradigma social si se tiene en cuenta que la transexualidad es una realidad en cuanto a diversidad social. Por tanto, no es la institución médica, paradigma de la patología, el lugar idóneo para llevar a cabo este fin. El marco de referencia científico que estableció la transexualidad como una categoría clínica, está demasiado alejado de la perspectiva psicosocial y por tanto, no puede ser reformulada como una diversidad social por el propio estamento médico. Carece de la mirada necesaria para ello. La Plataforma Trans*forma la Salut consciente de esto y conociendo en profundidad las necesidades sanitarias que tiene su propio colectivo, lleva más de dos años trabajando en un modelo integral de atención a la salud para personas trans que pueda fluir por canales comunes al resto de usuarios del sistema público de salud. Mientras se trabaja para que esto sea posible, su objetivo prioritario ha sido eliminar en la mayor medida prácticas médicas que presuponen la identidad trans como algo que debe ser cuestionado y validado a través de evaluación profesional médica. El objetivo en sí mismo no es por tanto despatologizar la transexualidad, sino concienciar a los profesionales de esta perspectiva social para poder dar una correcta atención a las personas trans, y de esta forma, lograr que cesen las prácticas patologizadoras de los últimos 10 años que imponían una única manera de hacer, ser y sentir a las personas trans. Poniendo especial atención en un nuevo modelo que no evalúe sino que acompañe a estas personas en sus necesidades en cuanto a salud, que sea público y de calidad y lo haga respetando la libre autodeterminación y autonomía en las decisiones de sus usuarios. Un modelo, en definitiva, que minimice los daños y el impacto negativo que tiene la patologización de la transexualidad en el propio colectivo, mientras la despatologización no sea una realidad social palpable. Y todo esto no como una solución per se, sino como una pieza más en el complejo ensamblaje de la despatologización trans.

En el último año se ha logrado la aceptación por parte del departamento de salud de que la identidad de género es una cuestión de autodeterminación personal, y que la despatologización sucede cuando esta autodeterminación no está sujeta a evaluación ni validación psicopsiquiátrica y por tanto es válida por sí misma; que las decisiones en los procesos o tránsitos se deben tomar de forma autónoma e informada sin ningún tipo de presión y/o sesgo; que los ritmos implicados en estos procesos deben ser individualizados como corresponde a algo tan íntimo y personal; que no hay garantías de acierto para profesionales en cuanto a resultados como no la hay en cuanto a cualquier otro proceso evolutivo que conforme la identidad de una persona; que no existen hojas de ruta ni directrices o patrones en los procesos de formación de género; que las expresiones de género y los roles son subjetividades particulares de cada sujeto y que no definen ni garantizan la autenticidad del género; el reconocimiento de menores trans con sus necesidades específicas, y por último, que la complejidad médica en referencia a las personas trans es fruto de la falta de información y los prejuicios más que del proceso en sí mismo.

El camino de la despatologización trans implica no solo un cambio en las viejas estructuras que componen la sociedad sino también un cambio de paradigma para dar espacio a una perspectiva abierta a la diversidad y a la diferencia. Significa también una mirada hacia dentro a través de la historia para entender y sacudir antiguas creencias y dar paso a nuevas maneras de entendernos y mostrarnos, reformulando las preguntas e interpretando de nuevo los datos. Y pasa, especialmente, por recuperar y crear nuevas alianzas para encontrar espacios comunes en los que reconocernos en las diferencias.

Por todo esto la cuestión trans no solo implica a las personas trans. Aquí no se evalúa exclusivamente la aceptación de la variabilidad de género fuera de la norma, sino todas aquellas características que nos diferencian de los demás y nos hacen únicos, y que tienen que estar ocultas en un armario por miedo al rechazo. Por eso, cuando nos ponemos ante cualquier forma de comisión constituida por personas “normales” que están en el poder y que evalúan si la despatologización trans es posible y necesaria, me pregunto si son conscientes de que no solo está en juego la aceptación de la identidad trans como una diversidad social, sino que aquí se está juzgando si la diversidad del ser humano como ser social, cualquiera que sea, la tuya o la mía, tiene cabida en este mundo.


Artículo y link, en catalàn:

https://directa.cat/actualitat/des-pa-lo-git-za-cio-trans-afasia-institucional-quan-coneixes-paraula-pero-no

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domingo, 3 de diciembre de 2017

Victimización o empoderamiento. Cuando dejas que lxs aliadxs definan la estrategia.

Solo hay dos maneras de socializar lo trans: victimizarlo (patologizarlo para integrarlo socialmente y que sea tolerado) o empoderarlo (reivindicarlo como una manera diversa y libre para poder ser, con derechos iguales y desde una mirada horizontal).

La patologización y la violencia contra el colectivo trans tiene muchas caras y algunas de ellas extremadamente sutiles, especialmente cuando vienen del lado de lxs "aliadxs". Tienen la capacidad de entrar en el colectivo, llegar hasta su mismísimo corazón y reventar en forma de granada produciendo heridas en los rincones más profundos y menos accesibles de las personas. (Aliadxs sí, pero no de cualquier manera o a cualquier precio).

Me paso la vida esquivando estudios de este tipo y tratando de que no se cuelen en mi muro, en no darles validación y continuidad. Hoy lo hago y digo vale, que sí, que estos estudios son muy necesarios (o no) y blablabla con toda esa mierda que los justifica. Y ahora pregunto, cuál es la perspectiva que les damos a lxs chavalxs trans que comienzan sus vidas viendo multiplicarse por mil este tipo de "estudios"?. Súmale a eso las horas que hemos pasado y cuántas veces hemos tenido que contestar preguntas sobre bulimia, anorexia, trastornos del sueño, autolesiones, violación, abusos, bullying, adicciones... y cuántas noticias sobre muertes, palizas, agresiones, etc y compáralos con la cantidad de artículos dedicados a sucesos trans positivos, que también existen y en número mucho mayor a lo que leemos o vemos en prensa online. Todo eso cala día a día y se convierte en una forma de vida, en una perspectiva, en una manera de vivir, ser y sentir lo trans. Termina por darle un carácter profundamente negativo y sólido a un colectivo ya de por sí estigmatizado. Si es así como pretendemos empoderar la diversidad y romper con los prejuicios a mí me parece una estrategia nefasta, entre otras cosas.

Entonces ahora pregunto, qué pasa con esos estudios (que no se hacen) que hablan de las cualidades positivas de lo trans; qué pasa con ese estudio (que no aparece en ningún lado) y que mide la resiliencia trans, la superación y la destreza para resolver, confrontar y solucionar problemas; que habla de la fortaleza, de la valentía, de la dignidad trans. Qué pasa con esos estudios (que no existen) sobre la facilidad para generar recursos y rellenar vacíos sociales, de esas variables que aportan porcentajes sobre orgullo y empoderamiento, de gráficos que muestran el enorme potencial que tenemos para levantarnos una y otra vez, de la creatividad, de la personalidad, de la fuerza mental que hay que tener para convertir un cuerpo trans de origen considerado socialmente incapacitado en un cuerpo bello y perfecto, de la enorme capacidad de cuestionar el sistema y de sobrevivirlo, de convertir el desprecio de los demás en deseo y de la enorme riqueza que supone aportar diversidad a esta sociedad enlatada y agónica.

A las sociedades científicas y a los medios de comunicación:
Estudiad eso también y publicitadlo como "estudio científico".

sábado, 15 de diciembre de 2012

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15-12-12. Primer día de hormonación.
(Hay un sonido de alerta en mi cabeza hoy, a modo de banda sónora de la película “Apocalypse Now”, que me recuerda: mantente marica.)
Una Transexualidad dentro de las Transexualidades, en plural.
>La primera pregunta que me hicieron al entrar en la unidad de identidad de género fue: "¿Porqué tan tarde, Nac?".
Cuando los únicos referentes de masculinidad que te rodean de niño no son válidos, no sabes muy bien hacia donde tirar. Te sientes chico pero no te convencen las formas de masculinidad y las normas que te rodean. Así que me convertí en un niño marica y pirata huyendo de aquellas masculinidades enlatadas, teniendo claro solamente, lo que no quería ser.
Ser un niño marica es complicado y muchas veces doloroso, sobre todo si tienes tendencias activistas y pretendes convencer a los demás chicos de que eso, es lo más inteligente. Marica quiere decir ser como realmente eres, con toda tu sensibilidad, tus miedos, tu feminidad, tus dudas y tus necesidades sean las que sean. Aprendes a ver la educación patriarcal desde la observación y la no participación, pero alternas métodos de guerrilla y alguna que otra escaramuza. Entre los 7 y los 9 años, mi mejor amigo se llamaba Álvaro, a veces jugábamos con coches y otras con muñecas. Era un secreto entre los dos, y a los dos nos gustaba. Un día (o quizá más de un día) alguien nos pegó y ahí acabó todo. Fue una mirada entre los dos y de común acuerdo: corre y que se salve quien pueda. No se salvó nadie. Fue la última vez que corrí por culpa de mi género, por desgracia. La valentía patriarcal es estúpida.
Creces y te desarrollas estableciendo sistemas de construcción que giran en torno a acción-consecuencia-corrección-reacción-emoción y una larga cadena. No dependiente de la aprobación externa si no de un sentimiento de satisfacción propia de la que te alimentas. De lo único que te alimentas. “A los demás no les convence pero yo me siento mejor”. Cuando caminas solo, es uno de los mejores métodos para subsistir, para poder autogestionarte sin cagarla demasiado. Si no te responsabilizas tú de tu propia educación te convertirán en aquello que no quieres ser, y llegarás a ser un adulto absolutamente despreciable a tus ojos. No puedes convertirte en aquello que aborreces. Así no se puede ser feliz. Eso lo sabes.
Cuando cumplí 10 años lloré, lloré un montón. Tener dos números significaba convertirte en adulto ante mis ojos de niño, y yo odiaba ese mundo. Un mundo de hombres y mujeres, un mundo frágil y oscuro en el que nadie se sentía bien. Era como un jardín de flores pisoteadas, que fueron hermosas y ya no lo eran, porque todo lo que era bello se destruía sistemáticamente. Infantil y simple. Un mundo de adultos en el que la ausencia de autenticidad, coherencia y armonía, lo convertían en algo sospechoso, despreciable y muy poco de fiar. Y aunque yo ya tenía una metodología propia muy adecuada para la construcción de mi adulto, no fui consciente de los recursos que había creado hasta bien entrados los 20. Aun hoy me cuesta comportarme como un adulto, pero he aprendido coherencia, practicidad, honestidad y otras cosas que funcionan muy bien.  
Creas además, un código propio y una escala de valores absolutamente fiel a ti mismo pero adúltera ante la necesidad y el juicio de los demás. Hoy soy fiel a esto pero mañana deberé flexibilizarlo en función de los cambios que se producen en mí y en todo lo externo a mí. Es un continuo de infidelidad para proteger y mantener una coherencia de base. Lo que ayer ha servido, mañana no funcionará igual llegando incluso a volverse contra ti mismo. No es conveniente mantener una promesa que te has hecho a ti mismo durante demasiado tiempo, eso lo intuí desde muy pequeño. Salir dando un portazo de casa mientras gritas jurando “no volveré nunca más” en pleno invierno, es algo poco sostenible con hambre, frío y doce años. O como gritar “yo nunca seré un hombre” tampoco tiene mucho sentido para los que te rodean e incluso les hace visiblemente felices, partimos de interiorizaciones muy diferentes por supuesto. “Claro que no cariño, no tienes que ser un hombre: eres una mujer!”. Es entonces cuando entras en barrena tirado en el suelo gritando y pataleando lo más fuerte que puedes. Tu rabia te convierte en loco ante los demás. Pero mi visión de futuro fue horrible, si ellos la hubieran visto como yo, hubieran hecho lo mismo. “Apocalypse Now”. Es difícil de entender mi relación con/y lo que me marcó esta película. Junto a “Platoon” fueron obsesivas en mi vida hasta pasada la adolescencia. En cuanto hice la conexión con lo que me rodeaba fue como la imagen más desnuda y cruda de la vida. Demasiado fuerte, no es comida para niños. Yo quería construir algo diferente a esas masculinidades “tan guays” pero no sabía muy bien cómo.
Hoy, todo sigue siendo igual de complicado en el momento de posicionar tu masculinidad fuera de la ley, pero ahora tengo recursos, sentido del humor, autocrítica medida, mucha experiencia y la capacidad para reconstruirme cada vez que el resultado no me hace sentir cómodo.
Si una chica me cede el paso lo agradezco y entro primero, si lo hace un chico, lo empujo verbalmente delante de mí. Todo es cuestión de lenguaje. El lenguaje de la masculinidad más tradicional y arraigado, un lenguaje de payasos sin gracia, de teatro malo, un lenguaje aprendido y hablado con diferentes acentos. Un lenguaje rígido que nos hace caminar a todos en línea recta. La línea humana. Un lenguaje tradicional que nos denigra, nos fusila y nos castra. Los transexuales lo conocemos bien, tenemos un máster en masculinidad y nadie, nadie lo habla tan bien y con tanto acento como nosotros.
Renacemos en forma de "macho". En ocasiones adulterado y menos auténtico. Y no por el hecho de ser transexual, si no por adecuarnos a lo oficialmente anunciado y exigido, al hombre estereotipo de gimnasio, al macho alpha, al hombre superior, al controlador, al protector, al de la polla más dura... Rompemos y luchamos contra las imposiciones, lo revolucionamos todo en voz bien alta solo, para volver a las normas. ¿Tiene esto sentido? Nos partimos la cara desde pequeños con todo aquel que nos invita u obliga a ser lo que no somos, peleamos con puños y dientes para mantenernos lo más fiel a nosotros mismos, lloramos, pataleamos, sangramos, escupimos, rompemos, arañamos, mordemos para ser nosotros. Y acabamos siendo el hombre que nos dicen que tenemos que ser, olvidando el auténtico hombre que somos. No tiene sentido para mí. Por eso soy marica, ser marica protege mi alma, mi esencia. Es el guardián del hombre que soy, no de aquella masculinidad que debo imitar.
>De esta forma mi respuesta sin dar más explicaciones fue: “no es tarde. ahora es el momento, no antes.”  Te dicen: “¿dudas?”, respondes “sí, dudo”. Esas dudas giran en torno al contenido y a la forma, no a la esencia. He comprobado que esto es algo que resulta “sospechoso” y difícil de entender cuando tienes unos estereotipos de transexualidad muy marcados en tu mente que impiden ver otras maneras de ser y estar. Y sobre todo, cuando piensas que tienes la verdad absoluta en tus manos. Es la realidad de la unidad de [trastorno]* de identidad de género.
* Ahora la palabra trastorno se pone entre corchetes, pero sigue ahí. En mi historial cuando voy al endocrino, el mismo que le pasan a mi médico de cabecera/mi camello en los próximos 6 meses, pone que soy un “TIG”.
Por todo esto me construyo como un hombre con una masculinidad marica. Sin perder de vista dos cosas: mi contra-referente y una honestidad absoluta conmigo mismo.
http://www.youtube.com/watch?v=sOOE9JZj878